sábado, 2 de octubre de 2010


Mi padre es un personaje.
Debe de ser que el otro día fue a ver a mi hermano a un campo de fútbol.
En el descanso, se acercó hasta la barra del bar y pidió "una cerveza sin".
Se lo sirvieron en un vaso de esos típicos de Coca-Cola, y se la bebió con calma.
Cuando empezó de nuevo el partido fue a pagar.
Preguntó el precio y le dijeron que era "2,90€". Teniendo en cuenta que mi padre es de la Cofradía-del-puño-cerrado-debajo-del-brazo, y que pagar eso por una mera cerveza sin alcohol es casi delito, el mosqueo que se pilló fue serio.
Hasta tal punto que decidió tomarse la revancha: cogió y se llevó el vaso de Coca-Cola en el que le habían servido.

Llamadlo travesuras de jubilado, o tal vez signos de locura transitoria; pero lo bien que me lo paso cuando mi madre me cuenta estas historias... ¡No tiene precio!

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