
Pasó el estío. Se fue el otoño dejando paso al invierno, y al final de la fría estación llegó Semana Santa. Llegó el momento de reencontrarse. Durante todos esos meses sin verle ella había meditado, había pensado una y otra vez qué se le pasaría a él por la cabeza cuando le dijo que le gustaba.
En la despedida lo pasó mal, dio una y mil vueltas al hecho de que no le vería hasta el verano que viene o con un poco de suerte, hasta Semana Santa: Así fue, en Semana Santa se vieron.
Mientras él se acercaba a ella para saludarla, ella se juró y perjuró que no caería rendida a sus pies.
"Ya no me gusta, ¡¡no, no!! ¡No me gusta!", repetía en su cabeza.
Le dio dos besos un poco reticente pero la sonrisa de Victor la derrumbó. Su deseo de no caer se venía abajo poco a poco.
Una noche salieron de fiesta. Carmen se mostraba ciertamente fría y distante con él: no quería sucumbir ni un poquito más a él. Las amigas de Carmen, con las que tenía una gran complicidad y conocían toda la historia entre ellos dos, se fueron dejándoles solo en una ruidosa discoteca. Y entre canciones a las que apenas prestaban atención y en medio de una maraña de gente, él le dirigió una mirada penetrante y cálida, como pidiéndole que se acercara a él. Ella lo hizo, pero tan sólo para aclarar la situación:
-
¿Sabes? Lo único que quiero es que nuestra relación no cambie por lo que te dije.· ¿Bromeas? Para nada va a cambiar, ya te lo dije.
- Bueno, me alegro.Carmen se quedó más tranquila y respiró aliviada. Le dio un amistoso beso en la mejilla para dar todo por zanjado.
Ella tenía un piercing debajo del labio y le pinchó ligeramente, entonces él le dijo:
· ¡Ay! Pincha, ¿a ver aquí...? - Señalándole debajo de su labio, ella le besó donde él le indicó -
¿Y aquí? - le dijo tocándose los labios.
Ella se quedó asombrada pero no quiso aguantarse las ganas de besarle. Fue una noche preciosa, jamás, ni en sus sueños imaginó algo así, un acercamiento tan bonito.
Pero la noche y su magia acabaron, y llegó el día siguiente. Victor no se mostró para nada frío, pero tampoco mostró acercamiento hacia Carmen. Por eso, Carmen vio clara la situación: ya no habría más besos inesperados ni miradas cómplices.
Pasaron los años, y su relación siguió siendo cercana, muy afectuosa. Carmen cambió mucho, tanto físicamente como psicológicamente: ganó confianza en sí misma y evitó sus comeduras de cabeza y elucubraciones adolescentes. Víctor en cambio, apenas cambió: siguió siendo tierno pero ardiente según la situación.
Este fue, sin duda alguna, un amor de ensueño, fugaz e inesperado. ¿Quién le iba a decir a Carmen que tendría algo tan bonito con alguien a quien quería tanto?