
Qué bien sienta rememorar en un día gris de febrero como hoy algo de una cálida tarde de agosto...
Como siempre.
Mientras hablan de temas mil veces tratados, suenan canciones que formarán parte de la banda sonora de su vida, pero ellas aún no lo saben. Y de repente, suenan seguidas dos canciones de esas que son un canto al desahogo, a la liberación. Entonces, bajan las ventanillas al unísono y comienzan a cantar a gritos, como si quisieran que sus voces atravesaran aquellos vastos campos.
Una de ellas saca la cabeza por la ventana para sentir la brisa estival sobre sus mejillas, la conductora sube el volumen, la copiloto baila en el asiento y la cuarta agita sus brazos al ritmo.No tienen destino fijo, pero eso no es importante. No les preocupa a dónde ir porque saben que irán juntas.




